Publicado: 13 de septiembre de 2017

Modalidades subjetivas ante la anorexia, bulimia y obesidad

Por:

*María Luz  Lardone

*María Laura Romagnoli

 

Resumen

En el marco de la prevención y en la conjunción entre educación y salud situamos nuestro proyecto: “modalidades subjetivas ante la anorexia, bulimia y obesidad”. La escuela como productora de significación y de sentido no es ajena a los cambios históricos. Sin ser atravesada por el disciplinamiento de los cuerpos como en la modernidad, en esta época, la de la imagen, aparece otra modalidad disciplinar: diagnósticos, medicalización, etiquetas. ¿Hay un lugar de escucha en estas modalidades subjetivas?

 

¿Cómo es posible la prevención en la conjunción salud-educación?

El proyecto tiene lugar en la ciudad de Leones de la provincia de Córdoba desde mayo de este año, desarrollándose en ambas escuelas secundarias que la habitan y del que participan todos los jóvenes desde primero hasta sexto año.

Surge a partir de las consultas que ambas como profesionales de la salud recibíamos en nuestros consultorios. Por un lado, adolescentes buscando la delgadez extrema y por otro, derivaciones médicas de pacientes con obesidad, en dónde la consulta quedaba en la obligatoriedad. Esto nos llevó a construir dicho proyecto desde la prevención en el espacio escolar, enmarcado en salud pública municipal, con los objetivos de: brindar información necesaria sobre dichas modalidades subjetivas y realizar talleres dinámicos donde se pueda actuar, hablar, pensar, debatir sobre las mismas.

La Ley Nacional Nº 26396 sobre “trastornos alimentarios”  establece el interés nacional por los mismos en lo que respecta a su control y prevención. Por lo que, en un primer momento del proyecto, contemplando el artículo Nº 3, que alude a instrumentar campañas informativas relativas a los trastornos, se inicia invitando a los alumnos a pensar en ¿qué relación tienen con la comida?, ¿comemos por instinto? , ¿por qué comemos?, ¿nacemos con un cuerpo o éste se construye? A partir de las cuales se deslinda lo que conocen y piensan sobre los mismos, es decir, qué representaciones sociales tienen.

La conjunción salud-educación se demarca en lo preventivo, que no es predecir, como establece Eva Giberti , si así fuera pensaríamos que al dar charlas informativas podríamos predecir que no existan “bulímicos”, “anoréxicos”, “obesos”; precisamente cómo se tratan de modalidades subjetivas ante lo no simbolizado, sería imposible conceptualizar la prevención desde ese lugar. Tal como la autora postula, la palabra prevención que proviene del latín, significa llegar antes, lo que implica pensar en la temporalidad de la palabra ya que si hay un antes es en función de un después. Por lo que, la prevención está en el lugar de un presente siendo… futuro; se trata de que se produzca en este presente una experiencia que re-signifique aquellas representaciones sociales que traen los jóvenes, en este siendo futuro que no es implícito, sino que está siendo.

La complejidad de lo alimentario.

Desde el saber del sentido común, comer se nos representa como un acto meramente “biológico”; necesitamos comer para sobrevivir, para obtener energía y nutrientes indispensables para funcionar, crecer y desarrollarnos.

Las decisiones alimentarias que tomamos diariamente; que comer y que no, cuando comer, en qué cantidad comer; están estructuradas por múltiples factores como la cultura, el mercado, la accesibilidad a los alimentos, la disponibilidad alimentaria, la religión, la economía, la familia; los cuales interaccionan con el mundo subjetivo de cada uno. Como detalla la Antropóloga Patricia Aguirre, “…la alimentación es parte de la construcción del sujeto. Uno tiene sus preferencias dentro de las preferencias del grupo. Tiene que ver con las experiencias propias, con la historia individual. Es un toque de distinción, pero no es una elección libre e infinita…”

Brian Wansink, en sus investigaciones demostró que los sujetos tomamos cada día más de cien decisiones relacionadas con la comida y bebidas. La base de la cual tomamos nuestras decisiones alimentarias no radica en nuestro organismo, sino en el medio ambiente que nos rodea: casa, trabajo, restaurante, casa de un amigo, colegio.

Por eso, además de mantener la vida, el acto de comer tiene innumerables propósitos psicológicos, sociales y culturales. Comemos para celebrar, confortar, desafiar, negar. El comer en respuesta a un impulso como sentirse cansado, aburrido o estresado, es conocido como ingesta emocional. Ésta se puede tornar excesiva afectando a la salud, pudiendo incidir en el desarrollo de dichas modalidades subjetivas como son la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y la obesidad.

Dado que se manifiestan mayoritariamente en la adolescencia; es fundamental trabajar desde el nivel educativo medio, promoviendo a generar un espacio de escucha y reflexión, donde los jóvenes puedan plantear sus dudas, temores y deseos, donde se puedan cuestionar cómo se alimentan y cómo se ven, articulando la salud con la educación para generar conocimientos necesarios en la singularidad de las decisiones relacionadas con la alimentación y el cuerpo.

La escuela no es una isla dentro de la sociedad, siendo “atravesada” “atraviesa” a la misma, porque es productora de sentido, productora de significación y productora de simbolización. Esto nos lleva al segundo momento del proyecto, donde la experiencia toma forma en las significaciones.

 

Lo lúdico como preventivo.

En este segundo momento aparece lo lúdico desde talleres dinámicos en los que se trabaja con los jóvenes desde la construcción de los temas que surgieron en el momento anterior. La idea es brindar espacios que los integren y no los excluyan, a partir de lo que se fue produciendo con anterioridad; es decir, la construcción de los talleres es con sus ideas, representaciones, interrogantes. Alguna de las cuestiones que predominaron: fueron un blog en la web “anaymía” que motiva a las adolescentes a convertirse en princesas mostrando sus huesos, las dietas de internet que se venden como más efectivas que la del “profesional”, diagnosticarse vegano para “descender de peso”, la diferencia de los sexos en tanto “a la mujer le cuesta más ser linda, y ser linda es ser flaca”, las faltas masivas en educación física de adolescentes con sobrepeso, el consumo, el mercado.

¿Por qué lo lúdico como preventivo se puede generar en el encuadre de la escuela? Porque como enuncia Carlos Cullen  la escuela es el lugar donde los conocimientos son legitimados públicamente. La escuela como espacio público da a los conocimientos y a los saberes: universalidad, criticidad y comunicabilidad, le da por lo tanto significación social. Por ello la escuela no puede ser ajena a las modalidades subjetivas que toman los jóvenes, porque es allí donde se pueden dar nuevas significaciones, donde se puede dar lugar a aquello que atraviesa y que forma parte de lo social.

“…Lo público del saber es hacerse cargo de lo virtual y de lo diferente y construir desde ahí unidades de sentido y proyectos en acción…”   La escuela, es desde este posicionamiento, “el lugar” para hacer público un blog que promueve prácticas de exclusión y logra adeptos mediante tips para bajar de peso, porque hay que ser princesas como sea; que aísla al sujeto en su goce. “El lugar” para hacer público las diferencias de los sexos, y los prejuicios respecto a cómo “tiene” que ser la mujer y el hombre, bajo las campañas de publicidades que venden productos que “disminuyen el peso” en las que las mujeres las protagonizan. “El lugar” dónde hacer público que los adolescentes que no aprueban Educación Física tienen representaciones sobre su cuerpo que no acuerdan con el del ideal social. Adolescentes con sobrepeso que en verano usan buzos y pantalones largos para no dejar ver su cuerpo.

La escuela es el lugar donde los saberes y conocimientos deben ser públicos, donde se saben públicos. La escuela es “el lugar” donde lo preventivo puede realizarse, en este, estar siendo, en el poder brindar un espacio de escucha, en donde a partir de lo lúdico se generen significaciones, sentidos. Donde el no comer, el comerse todo, el dejarse comer, sean modalidades que puedan interpelar-se.

Detrás del “obeso”, “del bulímico”, “del anoréxico”, “del gordo”, hay un sujeto de deseo y hay que escuchar en su sufrimiento el goce que lo invade.

Lejos de las prácticas disciplinarias modernas, la escuela dejó de ser el “templo del saber”, y es por medio de éstos proyectos que se puede generar y producir conocimiento en ese mismo espacio donde lo público se legitima como forma de re-significación social y subjetiva.

La construcción del “cuerpo” y “lo bello”

Las sociedades reproducen y socializan la clase de cuerpos que necesitan, expresando sus expectativas e ideales de salud y belleza. Estas representaciones circulan en el imaginario social, en el discurso mediático y en las prácticas sociales cotidianas.

Con respecto a esto, la antropóloga Patricia Aguirre aporta que hay un concepto ideal y clasista de cuerpo; donde las clases populares, vinculadas a la necesidad de fuerza laboral, requerirán cuerpos fuertes y resistentes que puedan soportar largas jornadas laborales de esfuerzo físico. Por otro lado, la imagen de cuerpo “fuerte” de las clases populares se contrapone al cuerpo esbelto, “bello” y “sano” de los sectores de ingresos medios y altos, operando lo saludable o lo estético. Estos grupos invierten tiempo en “moldear” su cuerpo. Ejercicios, dietas y cirugías son valorados positivamente en pos de la promesa de salud y belleza a largo plazo.

Entonces la construcción del cuerpo humano, lejos de ser un fenómeno exclusivamente biológico, es atravesado por las relaciones sociales. La concepción del cuerpo, su representación y la forma en que lo tratamos expresan las tensiones y conflictos del mundo social, así como sus ideales y valores.

La tiranía de la belleza de la que hoy somos protagonistas y espectadores pasivos tiene como uno de sus ideales fundamentales la delgadez, a veces extrema. Se nos impone la delgadez, como meta única de belleza.

Paradójicamente, vivimos en un mundo con barreras al movimiento, con una industria alimentaria que ofrece alimentos y bebidas de alta densidad calórica, y baja densidad nutricional, ricos en grasas, azúcares, sal y aditivos, que se presentan listos para consumir, donde la persona ante el mínimo esfuerzo obtiene o resuelve su comida; con fármacos que influyen en el peso, con deuda de sueño, con un alto nivel de estrés, con una generalizada dificultad para manejar naturalmente nuestras emociones.

Ante la controversia “ambiente, consumo” – “ideal de cuerpo”, ante un mercado que ofrece soluciones rápidas, restrictivas, iguales para todos, sin considerar el placer y deseo singular, y favoreciendo una relación con el cuerpo y con la comida a todo y nada; educar en salud, es la herramienta más factible en los tiempos de hoy.

La era de la imagen: ¿se genera un nuevo lazo?

Posterior a la época moderna, de la disciplina de los cuerpos, hoy en día vivimos en la época de la imagen. Nuevas formas de comunicarse, nuevas formas de relacionarse, nuevas formas de pertenecer. Estar “en línea”, tener más 20 grupos y silenciados por un año, difundir los pensamientos por medio de hashtags, publicar el estado de ánimo, mostrar una imagen con tantos efectos, de tantos colores que ya el sepia quedó vintage.

Ésta, la era de la imagen, es la era del consumo, que a través de su discurso opera muy lejos de habilitar al deseo, sino más bien fomenta el goce autístico en el que solo nos queda una forma de pertenecer: consumir.

¿Por qué no habilita al deseo? No solo no da apertura sino que lo aplasta, básicamente porque es pura demanda, demanda de consumo, nos venden los objetos que van a satisfacernos porque con ellos no tendremos más angustia. Taponan aquello que es estructural para el sujeto. El yogurt “x” que sacia las ganas de comer algo dulce, la pastilla “x” que calma el estado de hambre, la cirugía “x” que te hace ver como siempre quisiste. ¿Dónde está el sujeto en ese discurso?

De lo que se trata justamente, desde una posición psicoanalítica, es de reconducir a los sujetos por el camino del deseo, esto es, que se angustien. Desde la angustia algo se podrá simbolizar. ¿En qué circuito están en el momento en que comen devorando al objeto, o en que no comen nada, hasta dejarse morir? En el circuito del goce, en el de la compulsión a la repetición, en el más allá del principio de placer. El goce dice Lacan, es lo que no sirve para nada, es autoerótico y no está dirigido al Otro, sino que es cerrado. El goce se encuentra del lado de la cosa.

Bulimia, anorexia, obesidad como tantos otros (fracaso escolar, deserción escolar, TGD, ADHA, pánico, adicción) son modalidades que toma el sujeto a modo de respuesta ante la angustia, y donde a nivel social queda reducido, abolido como sujeto de deseo, le queda consumir.

Es por ello que consideramos, que a partir de estos espacios de simbolización donde la escuela como productora de sentido, formando parte de las lógicas de la sociedad y por ende del mercado mismo, pueda habilitar a que se construyan lazos sociales. Porque el discurso del mercado no hace lazo, aísla al “individuo” en su goce. De allí la posibilidad de que se genere algo más allá de la descripción de los “trastornos alimentarios” como los nombra la ley. Espacios de prevención, donde circule la palabra, la reflexión, la conciencia crítica, donde se habilite al lazo social, que es sanador.

 

Bibliografía:

Aguirre, P. (Página 12 de https://www.pagina12.com.ar/diario/ciencia/19-90812-2007-09-05.html de 2007). Dime qué comes y te diré quién eres. (F. Kukso, Entrevistador)

Aguirre, P. (2004). Ricos flacos y gordos pobres. La alimentación en crisis. Buenos Aires: Capital Intelectual.

Cullen, C. (1997). Las razones de educar . Buenos Aires: Paidos.

Giberti, E. (1981). Para una teoria de la prevencion . Buenos Aires: Primer congreso metropolitano de psicología. Asociación de psicólogs de Buenos Aires.

Katz, M. (2010). No dieta: puentes entre la alimentación y el placer. Libros del Zorzal: Mexico.

Lacan, J. (2011). Seminario x: la angustia. Buenos Aires: Paidos.

Recalcati, M. (2011). La ultima cena: anorexia y bulimia. Buenos Aires: Del cifrado.

 

 *Romagnoli María Laura. Psicopedagoga. Psicóloga. Docente en nivel superior. Clínica psicoanalítica. Psicóloga del proyecto preventivo: “Modalidades subjetivas ante la anorexia, bulimia y obesidad”.

 

*Lardone Maria Luz. Licenciada en Nutrición. Docente en Nivel Superior. Clínica Nutricional. Tallerista del Programa HADDOTMA-PAMI. Nutricionista del Proyecto Preventivo: “Modalidades subjetivas ante la Anorexia, Bulimia y Obesidad.